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  • Venezuela: entre dos rubios y dos mujeres

    A siete meses de la detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos que diseñó un proceso de estabilización, recuperación económica y transición política, arrancaron en Caracas las conversaciones entre los representantes opositores de la Asamblea Nacional de 2015 y el gobierno interino de Delcy Rodríguez. El objetivo es redefinir los poderes públicos, como el Consejo electoral y el Tribunal Supremo, y restablecer las garantías para una nueva elección.

    Pero lo que sucede en esta mesa tiene poco que ver con quienes la conforman y mucho con los intereses estratégicos de cuatro actores. Dos tienen el poder institucional, dos buscan condicionar el resultado, y cada uno necesita algo distinto.

    Donald Trump busca una victoria contundente. Para el presidente estadounidense, Venezuela representa la oportunidad de exhibir un logro geopolítico de gran impacto sin el desgaste de una ocupación o guerra convencional. El petróleo es el epicentro de su estrategia. No obstante, los datos revelan que, aunque la exportación de crudo a EE. UU. saltó a casi 800,000 barriles diarios en julio, el incremento real de la producción global venezolana apenas aporta un 0.2% a la producción mundial, muy por debajo del 10% que debe compensarse por la crisis de Medio Oriente.
    Lo cual podría generar una presión petrolera hacia Trump para respaldar una transición política que garantice certidumbre operativa. Una Venezuela estable y reintegrada al mercado global sería un éxito económico y un trofeo que validaría su doctrina de presión. Su incentivo no es solo que haya elecciones, sino lograr una transición alineada con Washington.

    Marco Rubio tiene una motivación adicional: su futuro político. Como secretario de Estado, Venezuela es el expediente latinoamericano más trascendental de su gestión. Un desenlace favorable consolidaría su autoridad en la política exterior republicana y movilizaría a su base latina en Florida. Por ello las elecciones de medio término y primarias presidenciales serán claves en los tiempos de la transición venezolana. Si Trump necesita una victoria internacional, Rubio necesita estamparle su firma.

    Delcy Rodríguez, la sobrevivencia con o sin poder. En Caracas, el cálculo es diferente. Con aval estadounidense, la presidenta interina junto a su hermano desplazaron al eje Maduro-Flores para concentrar el poder chavista: Delcy Rodríguez controla el Ejecutivo y Jorge, el Legislativo. Su apuesta era retener el poder y que la recuperación económica relanzara su popularidad. Sin embargo, tras el terremoto de julio, el rechazo a su gestión supera el 80%. Ante este escenario, su plan de contingencia podría ser asegurar el futuro: blindarse contra procesos penales, garantizar participación política para su partido (PSUV) y proteger a la nueva burguesía empresarial gestada bajo su administración.

    Finalmente, María Corina Machado, con el peso de la legitimidad. Aunque carece de control estatal, monopoliza el activo más codiciado: la legitimidad. Es la única líder que goza de la confianza de más de la mitad de los venezolanos, un contraste abismal frente al desgaste oficialista. Por ello, su exclusión de la mesa de negociaciones no merma su influencia; la magnífica. A medida que se amplíe la participación política y la libertad en los medios, su capacidad para presionar los resultados será más relevante y por tanto su posicionamiento para obtener los beneficios de esos acuerdos: poder finalmente acceder al poder.

    A la par, los venezolanos sufren las secuelas de 27 años de socialismo: colapso de servicios básicos, inflación de tres dígitos y un reciente doble terremoto que aceleran la necesidad de un cambio institucional. Al final, será el poder de Estados Unidos el que permita resolver la contradicción central del proceso: quienes controlan las instituciones exigen garantías para abandonarlas, mientras quienes poseen legitimidad necesitan garantías para poder acceder al poder. Ahí radica la verdadera transición. El desenlace avanzará a medida que los incentivos de estos cuatro actores logren alinearse. La llave del país la tienen, en definitiva, dos rubios y dos mujeres.